Hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una jornada especial que nosotros, defensores de la movilidad sostenible y personas convencidas de que el cuidado del medio ambiente debe ser algo primordial en nuestras sociedades, queremos aprovechar para reivindicar un cambio en el modelo de transporte de nuestras ciudades.

El tardío desarrollo económico de España, con respecto al resto de Europa, explica por qué nuestras ciudades, políticos y ciudadanos siguen siendo ‘cochecentristas’. Se sigue pensando en el coche por encima de todo y solo se plantean alternativas cuando se ha llegado al colapso. Algo que afortunadamente está empezando a cambiar en muchos lugares y que pensamos que la propia evolución de la sociedad así lo motivará.

Foto de Sven Eberlein

Foto de Sven Eberlein

No estamos diciendo que haya que eliminar el coche en nuestros desplazamientos, ya lo hemos dicho muchas veces, pero sí hacer un uso más racional de él, contemplándolo como la última opción cuando no hay otras alternativas. Todos ganaremos con el cambio, en salud, economía, calidad de vida y, evidentemente, respeto al medio ambiente.

El modo de transporte más sostenible de todos es el desplazamiento a pie, aspecto en el que sí podemos sacar pecho en España, ya que gracias a nuestro buen clima y el diseño de la mayoría de nuestras ciudades, tenemos unos índices de desplazamiento a pie bastante elevados y por encima de algunos países. Según la DGT el 47% de la movilidad diaria en España es peatonal. Las ventajas son grandes, no contamina, no genera atascos y es muy beneficioso para la salud. La Organización Mundial de la Salud recomienda andar al menos media hora al día para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y controlar la obesidad.

La bicicleta es otro de los caballos de batalla de los que defendemos la movilidad sostenible. Tampoco contamina, apenas ocupa espacio, mejora nuestra salud, reduce el estrés y aumenta nuestra autoestima y sensación de bienestar. Las cosas empiezan a cambiar y por fin están surgiendo políticas serias de fomento de la bicicleta en nuestro país. Cambios, que por otro lado, ya estamos viendo que despiertan los recelos, cuando no la oposición, del mundo del automóvil que ve peligrar su hegemonía.

Un fomento de la bicicleta que debe ir más allá de las infraestructuras, como hemos dicho muchas veces. Los carriles bici están muy bien y son necesarios, pero erramos el tiro si ponemos nuestro empeño solo en ese asunto. Es imposible tener carriles bici en todos los sitios y en las actuales condiciones económicas es una quimera pensar que se va a invertir una barbaridad en ello. El fomento de la bicicleta pasa por una revolución cultural, que fomente el respeto de la bicicleta en la calzada, que la contemple como un medio de transporte competitivo. Pasa por potenciar la intermovilidad combinando tren o bus con bicicleta, pasa por tener aparcamientos seguros en las ciudades y por pacificar el tráfico para que se acostumbre a convivir con ellas en las ciudades. El espacio siempre debe ganarse al coche.

Por último, dentro de nuestro repaso a los medios sostenibles, incluimos el transporte público. Cierto es que en Almería solo tenemos la opción del bus para nuestros desplazamientos cotidianos, ya nos gustaría que hubiera una red de Cercanías apañada o un tranvía. Pero el bus también es un medio que reduce el impacto de nuestros desplazamientos en el medio ambiente. Ya lo demostramos en el Mobility Mob de marzo, el pasaje de un autobús convencional suele trasladarse en 60 o más coches, lo cual colapsa nuestras ciudades y contamina mucho más.

También en este aspecto tenemos una revolución pendiente en Almería. Y concretamos en este caso en Almería porque en buena parte de España hace ya mucho que se está trabajando en este terreno, y no digamos ya fuera. Las políticas de transporte público son prioritarias en cualquier ciudad desarrollada, no algo que funciona solo en función de la ley de la oferta y la demanda como piensan algunos municipios almerienses. Un buen transporte público es deficitario siempre, pero tiene también grandes ventajas económicas y sociales. Reduce los atascos y el número de coches que circulan por la ciudad, haciéndola más atractiva para actividades comerciales (si, señores comerciantes, a menos que tengan su negocio en un centro comercial, el coche es uno de sus mayores enemigos).

En el año y medio de vida de Doble Fila hemos puesto algunos ejemplos de cosas que se están haciendo en otros lugares, siempre desde el punto de vista constructivo. Queremos concienciar a la población, incluyendo a los políticos, de que apostar por una movilidad sostenible no solo es beneficiosa para el medio ambiente, es buena para la economía. En una ciudad como Houten (Holanda), donde el 50% de los desplazamientos se realizan en bicicleta y apenas se usa el coche, hay un tejido comercial que dobla con creces la media del país y el grado de consumo en el comercio local es del 75%, del 100% en el caso de las compras cotidianas, frente a las grandes superficies. Houten, como Friburgo u otras que hemos comentado, es una ciudad en la que los niños juegan en la calle sin temor a los coches y en la que hay gran calidad de vida.

El abuso del coche genera problemas medioambientales por la contaminación, por el impacto de sus infraestructuras o por el ruido, algo especialmente importante en un día como hoy. Pero también tiene efectos en la salud, por los índices de obesidad y enfermedades cardiovasculares, por las alergias y patologías respiratorias. Es mucho más caro que cualquier otro medio de desplazamiento, tanto por su uso como por el acondicionamiento de infraestructuras necesario, nos convierte en dependientes energéticamente en un mundo con cada vez menos combustibles fósiles, que ya son fuente de conflicto internacional y lo serán más. Y en definitiva, nos hace vivir encerrados en nuestras casas y nuestras burbujas rodantes, sin disfrutar realmente de nuestras ciudades, sin relacionarnos con los demás, ni nosotros ni nuestros hijos, convertidos en muñecos que son desplazados a todos los sitios en el asiento trasero del coche sin relacionarse con su entorno y sin aprender a ser independientes.

Afortunadamente cada vez somos más los que pensamos que los índices de uso del coche y el diseño de ciudades ‘cochecentristas’, son un indicador de subdesarrollo, y no al contrario. Como reza un lema que vimos hace poco: una sociedad rica no es la que más pobres tiene con coche, sino aquella en la que sus ricos usan el transporte público.

¡Feliz Día del Medio Ambiente!