Hace un rato que ya he dejado atrás el Tren de Fresa, pero casi puedo seguir oyendo el sonido de la locomotora de vapor que arrastraba el convoy de vagones antiguos. Antes de empezar, ¿qué es el Tren de la Fresa? Un tren turístico de época que une Madrid con Aranjuez y además incluye la visita a los monumentos más emblemáticos de esta bonita villa madrileña con una duración aproximada de 10 horas desde la hora de salida hasta la de regreso.

Ahora ya es el momento de desgranar lo que ha dado de sí el día de hoy que comenzaba cerca de las 10 de la mañana en la sede de Museo del Ferrocarril de Madrid. Allí, cargados de curiosidad y entusiasmo (mal) disimulado todo el mundo aguardaba el momento de porder acercarse a contemplar el tren que nos iba a llevar hasta Aranjuez. Las caras de ilusión no se hicieron esperar nada más verlo y, sobre todo, al acercarnos a la locomotora. El viaje, no sólo de Madrid a Aranjuez, sino también en el tiempo, acababa de empezar.

Los niños eran los más expresivos de todos, no dejaban de preguntar y curiosear por el tren, o de gritar sorprendidos cuando al entrar en un tunel todos los vagones se quedaron completamente a oscuras durante unos instantes. Pero lo cierto es que el espíritu de estar viviendo una experiencia tan especial se extendió entre todos muy rápidamente. A mi me ha llamado especialmente la atención ver a las personas que viven junto a la vía del tren abrir las ventanas, asomarse y comenzar a saludarnos… y debemos contextualizar la fecha y hora del viaje para que esto se valore aún más: domingo del mes de julio, 10 de la mañana. Este peculiar momento se repirió a la vuelta, pero incluso multiplicado, por haber mucha más gente en las áreas cercanas a la vías por la tarde que por la mañana. Precioso poder contemplar las caritas de los niños y, no menos bonito, la de los mayores que interrumpían su paseo y no podían evitar quedarse parados contemplando el tren.

 

Una vez en ruta, lo cierto es que sólo quedaba acomodarse y disfrutar del trayecto de una hora y cuarto aproximadamente. ¡Ah, se me olvidaba! Y comer fresas, ¡qué para algo es el Tren de la Fresa! Las azafatas, vestidas de época, repartieron fresas de Aranjuez a la vez que nos explicaban toda la dinámica del día: pegatinas identificativas, horarios, visitas guiadas… todo.

Al llegar a estación de Aranjuez, estoy segura que casi todos miramos de reojo al tren antes de salir de allí en busca de los autocares que nos llevarián al casco histórico. ¡Resultaba tan impractante ver en la vía 1 un tren antiguo y en el resto de vías trenes de cercanías de esos que estamos tan habituados a usar!

El día de turismo por la localidad terminaba cerca de las 6 de la tarde tras haber visitado el palacio, los jardines, las falúas reales o la plaza de toros. Volvimos a la estación y antes de subir al tren, por sugerencia de una de las guías, me asomé al paso subterráneo entre vías para ver unos mosaicos que había allí, cual ha sido mi sospresa cuando, vía Twitter, me ha llegado un comentario de uno de los técnicos de Renfe que descubrieron dicho mosaico hace algunos años:

Y ya, finalmente, para el viaje de vuelta, yo he elegido acomodarme en el asiento, ponerme música y contemplar el rastro de humo que se iba dibujando en el cielo a nuestro paso. Mucho más que un simple día de turismo, ha sido una experiencia de principio a fin.

Fotos: Museo del Ferrocarril, Renfe y propias de @Lola_Haro quien nos ha cedido esta entrada de su blog