Hablamos del cortometraje La historia de siempre, del realizador tarraconense José Luis Montesinos, e interpretado por el actor Miguel Ángel Jenner, más conocido por doblar al castellano a actores como Samuel L. Jackson o Jean Reno.

El cortometraje, con un extenso palmarés y de aproximadamente unos 11 minutos de duración, nos presenta la conversación telefónica de un hombre que capta la atención de todos los pasajeros que viajan junto a él en un autobús urbano. Se nos expone la situación del pasajero: en paro y abandonado por su familia, y con su charla telefónica trata de recordar a su mujer los buenos momentos vividos juntos. Consigue así empatizar con el resto de viajeros, que ven reflejados en la conversación situaciones que viven con sus más allegados.

El propio director, también guionista de la cinta, nos trata de mostrar cómo la conversación de una persona que desconocemos completamente puede captar nuestra atención de manera que nos identifiquemos con ella y seamos participes del desenlace, feliz o triste, de la historia.

Como adelantábamos, todo el filme se desarrolla en el interior de un autobús interurbano de Barcelona, y tras conocer el desarrollo de pre-producción y rodaje, descubrimos la complejidad de desenvolver una tarea de tales dimensiones en un espacio que conocemos en nuestro día a día, pero que plantea numerosos obstáculos para la preparación de una escena a rodar. Sin embargo, la cámara sabe moverse con fluidez por el bus, y el montaje llena de dinamismo el cortometraje a pesar de que durante la mayoría del tiempo los personajes permanecen estáticos y es el autobús el que hace avanzar la trama hasta el final, creando momentos de tensión y a la vez cómicos muy bien representados, como por ejemplo cuando la pareja de turistas deciden dejar atrás su parada para seguir oyendo la conversación que el protagonista mantiene con su mujer.

Felicitar por todo ello a los servicios urbanos que apoyen con su colaboración los modestos proyectos de los creadores audiovisuales de nuestro país, pues con ello fomentan que no se desechen trabajos, a priori complicados de desarrollar por la compleja puesta en escena.

Sirva como buen ejemplo, a aquellos que pasamos horas al día en un autobús, lo poco que conocemos de las personas que comparten con nosotros mañana tras mañana nuestro mismo espacio y en ocasiones nuestro mismo destino. Un amigo guionista me recordó que los mejores relatos pueden tomar forma tras disimuladamente bajar el volumen a nuestros auriculares mientras hacemos un trayecto matutino en el bus y escuchar lo que los demás tienen que decir, con toda la frescura y naturalidad que les brinda el no sentirse escuchados a pesar de encontrarse codo con codo con desconocidos.

Comentado por Irene Garcés (1988), realizadora almeriense de cortometrajes

como «¡Clinc!» (2009) o «Tierra estéril» (2011)