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Bravo, con su bici, en una foto cedida a Doble Fila

Pedro Bravo (Madrid, 1972) es periodista y acaba de publicar el libro Biciosos, ¿por qué vamos en bici? y otras preguntas que te haces cuando vas a pedales.En él, Bravo hace pedagogía sobre la movilidad a pedales como un método más sostenible, saludable e incluso feliz. Y eso que lo hace desde una ciudad, la suya, Madrid, que a priori es observada como la antítesis de la ciudad ciclista. Le entrevistamos, con un cuestionario vía correo electrónico, para Doble Fila. Esto nos cuenta.

¿Está la bici de moda?

Tiene toda la pinta. Uno ve la tele y se la encuentra en todo tipo de anuncios, hasta de coches. Los bancos regalan bicis plegables aunque no dan crédito. Las fotos de moda van con bici vintage al lado de modelo. La bici está por todos lados o, al menos, en lugares donde antes no aparecía. Lo cual no quiere decir que sea una moda de esas pasajeras. La bici llegó hace muchos años a nuestras vidas y nunca se fue. Simplemente, la apartamos para meternos en coches. Ahora hemos reparado en ella de nuevo como solución de movilidad. Y no parece que vayamos a olvidarnos de ella en mucho tiempo. En lugares donde llevan desde los 70 del siglo pasado subiéndose a la bici, como Holanda y otros, no se han bajado aún. Por algo será.

Si lo está… ¿será, como todas las modas, algo pasajero?

Como ya he dicho, creo que no. Porque si está de moda es porque los cazadores de tendencias han observado que cada vez más somos los que vamos en bici, es algo existente que han capturado para las campañas de sus clientes. En este caso, es muy importante la diferencia entre los verbos copulativos, ser y estar.

¿Tiene la crisis algo que ver con que haya más bicis en la calle?

Sin duda. El precio del petróleo hace que todo sea mucho más caro. El descalabro financiero hace que todos tengamos menos dinero y que nos lo pongan cada vez más difícil. El transporte público empieza a ser un lujo al alcance de jugadores de fútbol de Primera. Lo del coche, ni te cuento. Y los gobiernos no tienen pasta para infraestructuras ni dispendios como los de antes: metro, tren… En este panorama, la bici se impone como lo que siempre fue: la opción más eficiente, la más inteligente. Ir en bici es la solución perfecta para trayectos que no se puedan hacer caminado. Lo es por su coste, minúsculo en la compra y mantenimiento e inexistente en lo social, porque no afecta a la calidad del aire, ni hace ruido, ni deteriora las calzadas, porque aumenta la salud de los ciudadanos, su condición física pero también su salud mental, su alegría de vivir. Y lo es porque te lleva relativamente rápido a distancias importantes. También es bueno para la salud económica de las ciudades, porque acerca a las personas a los comercios y permite mucha más y más ágil movilidad en los centros urbanos. Es, por tanto, una solución para el ciudadano pero también para los gobiernos, porque hacer políticas e infraestructuras en favor de la bici es mucho más barato y rentable que hacerlas para los coches. Si te parece caro la adecuación de un carril bici, pregunta cuánto cuesta hacer una calle.

Dicho de otra manera, cuando podamos volver a pagar la gasolina, ¿nos montaremos de nuevo en el coche?

¿Y cuándo podremos volver a pagar la gasolina? Todo esto de la crisis parte de un error semántico que nos tiene atrapados en un engaño. Esto no es una crisis, esto es la realidad. La realidad es que hay unos arriba que se hacen cada vez más ricos a costa de que nosotros nos hagamos más pobres. La realidad es que este sistema ha llegado a un punto final y tendremos que inventarnos otro o acostumbrarnos a vivir en esta decepción permanente que llamamos crisis porque no la aceptamos como la realidad que es. La realidad es que el petróleo se acaba y el poco que hay es cada vez más caro extraerlo y, aunque la gasolina está mucho más barata de lo que debería porque si no esto se iba definitivamente al carajo y están controlando los precios de la cosa, nunca jamás podremos volver a pagarla. Y casi mejor, porque nos está costando la vida. ¿Qué pasará cuando todos los vehículos sean eléctricos? Que, salvo que realmente permitan el desarrollo en renovables y se encuentren soluciones para el problema del almacenamiento, seguiremos teniendo el mismo marrón. La eléctrica no es una energía limpia en origen en todos los demás casos y viene de recursos finitos, salvo la nuclear y aquí no me meto más que esto va de otra cosa.

Biciosos es su nuevo libro. Un texto para explicar la bicicleta. ¿Hay que explicarla? ¿Qué es lo que no entendemos de su mecanismo?

Bueno, la verdad es que no sé si hay que explicarla. A mí me costó mucho, al principio, ponerme a pensar en el libro. ¿Cómo escribir de algo que para mí es casi tan natural como respirar o caminar? Yo voy en bici de una forma muy normal, no le doy mucha importancia. Lo hago porque me gusta, porque me divierte y porque me conviene. Eso no me lo puso fácil al principio. Pero luego me di cuenta de que sí hay muchas cosas que contar. No necesariamente sobre su mecanismo, pero sí por los mecanismos mentales que nos llevaron y nos alejaron de ella, de su historia, de lo que da y de lo que no quita, de lo que ha supuesto en lugares en los que se ha vuelto a usar habitualmente y también de lo que significa para mí. Una vez me puse a pensar, me di cuenta de que mi vida y la vida de todos tiene muchas historias que contar en y sobre bicis. Y aquí están algunas.

¿No es un libro para ya convencidos? ¿para militantes?

Yo no me planteé para quién era el libro a la hora de pensarlo y escribirlo, hice el libro que me gustaba hacer, el que me divertía y me contaba cosas. Esto lo decimos todos los que hacemos trabajos en las industrias culturales pero en este caso es verdad. Una vez acabado, creo que tiene dos públicos principales. Los convencidos pueden encontrarse en él, reconocerse, reafirmarse y hasta conocer cosas nuevas sobre la bici. Muchos de ellos me han escrito, de todas partes de España pero también de México o Argentina, para contármelo. Y no veas la ilusión que me ha hecho. Luego están esas personas que aún no van habitualmente en bici o que lo dejaron pero que tienen ganas de bici. Para esas personas creo que puede ser un empujón, como los ruedines de las bicis con las que aprendíamos a montar. Y también por este lado está funcionado, al menos según lo que me cuentan quienes lo leen. Después, hay un montón de gente que pasa de la bici. Pues creo que para esa gente también puede servir, aunque no se monten en una después de leerlo. La bici es un tema recurrente en el debate sobre movilidad y ciudad y, lo mismo que uno puede leer un ensayo sobre economía sin pretensión de ser economista, sólo porque es un tema necesario en nuestro tiempo, la bici es un tema del que no está mal saber más. Precisamente porque no se va a ir sino que viene para quedarse. Y hay que entender las cosas con las que vivimos. O, al menos, intentarlo.

Para los que aún no se han enterado. ¿Por qué hay que montarse en la bici?

Bueno, no todo el mundo tiene que montarse, no me gusta el imperativo. Me gustaría que la gente descubriese que montando en bicicleta se va mejor a los sitios que en coche. En la bici el motor es la persona. Yo me llevo a mí mismo con mi energía a donde quiero llegar. En esta frase se esconden muchos de los secretos de la bicicleta. Yo, la persona que va en bici, soy el que empuja hacia donde me da la gana. No es dejarse llevar, es ir. Y cuando descubres que te puedes llevar en poco rato, con un poco de esfuerzo, sin ruido, sin contaminar, con el aire dándote en la cara y disfrutando de un trayecto que puede ser, por ejemplo, al trabajo, como si fuese un pequeño juego… no te bajas.

Almería (y Andalucía) van a ser pioneras con la reciente aprobación del Plan Andaluz de la Bicicleta (PAB) y su posterior aplicación. ¿Qué significa esto? ¿Es un ejemplo?

Puede significar mucho, no sólo para Andalucía, sino para el resto de España, que puede tomarlo como modelo como se puede tomar ya el ejemplo de Sevilla. Es una estupenda noticia y una oportunidad para los que viven en Andalucía de participar en la transformación de sus ciudades, de hacerlas mejores.

¿Le encuentra fallos al PAB?

No lo conozco tan en profundidad como sacarle fallos.

El PAB quiere extrapolar el caso de Sevilla a Andalucía. ¿Será posible?

¿Por qué no? El problema puede estar en la política de partidos, en eso de negarse a algo porque lo proponen los del otro bando. Supongo que cada ciudad es un mundo pero la clave de Sevilla, lo que demuestra su éxito, es que la mayor parte de la gente que usa ahora la bici lo hace no por convencimiento y conciencia ciclista, sino porque lo ha encontrado útil y conveniente. Y es que lo es.

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Pedro Bravo, en una foto cedida a Doble Fila

¿En qué identifica el éxito de Sevilla para pasar a casi un 10% de movilidad a pedales? ¿Cuáles han sido los motivos?

Una acción política valiente, bien planificada y rápida. Y una ciudadanía que, a pesar de sus dudas iniciales, ha sabido adaptarse al cambio y aprovechar la oportunidad. La ciudad se ha transformado. Y los ciudadanos creo que también.

¿Son las infraestructuras ciclistas -carriles bici- el empujón definitivo?

Aquí tengo el corazón partido. Por un lado, yo circulo perfectamente feliz sin necesidad de carril bici por una ciudad presuntamente agresiva para los ciclistas como Madrid. No lo necesito y, cuando viajo a ciudades donde sí lo hay,  a veces me siento como si me hiciesen ir sobre raíles. Hay que dejar claro que la bici tiene derecho a ir por la calzada y que no es necesario tener un carril bici para moverse por ninguna ciudad de España. Y que cuantas más bicis ocupen la calzada, menos coches lo harán y, por eso, mejor viviremos todos. Dicho lo cual, entiendo que hay mucha gente que no se atreve a meterse en esa calzada, que tiene auténtico pavor a los coches y que sólo a través de infraestructuras ciclistas va a hacer eso que quiere hacer pero que no se atreve, que es ir en bici por su ciudad. O sea, que son buenos los carriles bici siempre que estén bien diseñados, creando una buena red que sirva para recorrer la ciudad y que no invadan las aceras. Son buenos porque fomentan la bici pero no son indispensables. No hace falta esperar a que nos hagan obras para coger la bici, ya podemos hacerlo.  Mañana… Qué narices, hoy mismo.

¿En algún caso la infraestructura ciclista no ha comportado un mayor ciclismo? ¿O al menos no ha sido determinante? ¿Por qué?

No tengo tantísimo conocimiento sobre el tema como para hacer ahora mismo un análisis serio de esto. Pero el ejemplo que menciono más abajo de algunas ciudades australianas y la ley del caso obligatorio me viene a la cabeza para responder a la pregunta.

En Almería, a raíz de la definición del PAB ya hay quien compara el futuro de la movilidad al de China, Vietnam o Cuba. ¿Es la bici el transporte de los pobres?

Jajajaja, quizá ese alguien hace mucho que no viaja o quizá se ha quedado en el pasado. En China las bicis llevan años de capa caída, aunque ahora, con los problemones que tienen de calidad del aire, están volviendo a ella como solución. Es un ejemplo estupendo de que el progreso y el desarrollo sin freno y, sobre todo, asociado a los vehículos de motor de combustión, no es bueno. Que la bici estaba muy bien, aunque a ellos les recuerde a su pasado. Y en Cuba hay un montón de coches y un tráfico caótico, coches que por cierto echan buena mie… al aire. ¿La bici es el transporte de los pobres? La bici, una vez vivió su boom a principios del siglo XX, pasó de ser un entretenimiento de señoritos a una cosa de todos, pobres, ricos, señoritos, señoritas… Hace falta ser un poco burro para pensar que el alto nivel social y cultural de un país está asociado al uso de vehículos de motor. Hace falta ser muy burro y estar muy poco al tanto de lo que pasa en Holanda, Dinamarca, Alemania, Noruega pero también está empezando a pasar en Gran Bretaña, Francia y hasta Estados Unidos, la cuna del automóvil.

¿Por qué la bici genera, en algunos casos, auténtica aversión?

En el libro se explica esto varias veces. Hay un estudio que lo analiza pero, sobre todo, me gusta cómo lo cuenta Carlotn Reid, autor del libro Roads Were Not Built For Cars (Las carreteras no se hicieron para los coches), muy recomendable, por cierto, porque muestra que nos hemos olvidado de la importancia de la bici en nuestras vidas. El caso es que Carlton viene a decir que la bici es, en muchas ciudades, el otro. Lo distinto, lo nuevo (aunque no lo sea). Lo que viene a romper la costumbre. Y por eso se le mira con malos ojos, se piensa que es una moda o una chorrada de ecologistas. Hasta que no se normalice su uso, seguirá habiendo conflictos. Pero la convivencia aumenta cuanto más se convive, así que pasará… Otra vez soy optimista.

Usted conoce Almería. Dígame, de verdad, ¿está hecha para la bici? ¿o debemos de desistir del intento?

No veo por qué no. A ver, Almería, como todas las ciudades, está hecha para los coches, no para las personas, y perdón por repetirme. Pero está el PAB que quiere empezar a cambiar eso y quizá entonces el proceso se acelere. Hace buen tiempo todo el año, la ciudad no es muy grande, tampoco hay unas cuestas como para escalar con piolet… No sé, a veces creo que en algunas ciudades andamos escaso de autoestima y pensamos que no vamos a ser capaces de comportarnos acorde a los tiempos. También creo que nos ponemos excusas para no hacerlo. Que si el frío, que si el calor, que si las cuestas… Afortunadamente, ya hay ejemplos en todo el mundo de ciudades con mucho frío, con mucho calor, muy grandes, con muchas cuestas y de todo que nos dicen que es posible. En Copenhague nieva como en un belén, París es inmensa, San Francisco tiene más puertos de categoría especial que una etapa alpina del tour…

¿Cuántas bicis tiene en casa?

En casa hay dos. La de Noemí, mi mujer, una plegable que alguna vez uso para algo. Y la mía, una bici restaurada, con cuadro Raleigh de hace casi sesenta años, un hierro algo oxidado y de piñón fijo. Un hierro bien bonito, o eso me parece a mí. Tengo guardada en un trastero amigo una bici de montaña, por eso de no convertir mi casa en un taller.

De ellas, ¿cuál es su ojito derecho?

La que uso, claro. Me gustan las bicis pero no soy coleccionista de nada. No me importaría cambiar, y de hecho estoy pensando en ello. Ya veremos.

Confiese, ¿para qué coge siempre el coche?

Soy una persona que va en bici pero también a veces en coche y en transporte público. Y me encanta caminar. Y como yo, muchos. No soy anticoche. Tengo uno y lo uso de vez en cuando para llevar cosas que no puedo llevar en mi bici o para recorrer distancias excesivas o para llevar a alguien a algún lado. A Almería, por ejemplo, no voy en bici.

¿Y el metro?

Bueno, el metro es algo que en una ciudad como Madrid se usa a menudo, a pesar de que está cada vez más dejado y más caro. Pero te lleva a cualquier lado. Al aeropuerto, por ejemplo. A las estaciones de tren. A los conciertos en los que sabes que vas a acabar bebiéndote una o dos…

A diputados y senadores les dan una tarjeta de taxi para moverse por Madrid. ¿Se imagina que les dieran una bici plegable o un tique del futuro servicio de bici de alquiler de la ciudad, del BiciMad?

Todo lo que sea sacar a los políticos del coche (o taxi) oficial me parecería una buena idea. Pero ya no por eso de fomentar la bici, que también, sino por sacarlos de su burbuja y que tocasen pelo de realidad. A ver si así se dan cuenta de que hacer política no es ganar elecciones y defender los intereses de partido sino trabajar y legislar por el bien común.

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Un montón de bicicletas, amontonadas junto a un canal en Amsterdam

Ya que hablamos del BiciMad, el sistema de préstamo que se va a poner en marcha en Madrid, ¿son efectivos estos sistemas?

Parece que la realidad nos da la respuesta. Según dónde y cómo. Hay un montón de poblaciones pequeñas donde se han instalado y no han funcionado porque seguramente no eran necesarios y era más dispendio para hacerse la foto que otra cosa. Y hay otras en las que podría haber funcionado si hubiese formado parte de un plan de pacificación del tráfico, de transformación de la ciudad, de una estrategia meditada de movilidad. En Barcelona y en Sevilla ha funcionado y funciona de cine. En Madrid puede que no funcione porque hay mucha gente que aún le tiene pavor a meterse en la calzada con la bici y no hay casi vías segregadas que lleven a algún lado. Poner un servicio público de alquiler de bicis y pensar que eso es suficiente para llenar la ciudad de bicis es como construir una biblioteca pública y no tener libros para llenarla ni personal para atenderla. Una cagada importante y algo demasiado habitual por aquí.

En Almería, existe un sistema de arrendamiento para usuarios del bus interurbano, con un impacto muy reducido. Además, hubo uno anterior para universitarios, con solo cuatro estaciones que se sustituyó dado su escaso éxito por un arrendamiento semestral para los estudiantes. ¿Hay que resignarse?

Ni resignarse ni persignarse. Hay que dar pedales… Es una pena que se hagan estos parches sin formar parte de un plan porque pueden resultar contraproducentes, generar un clima contrario a la inversión en infraestructuras ciclistas. Si haces las cosas bien, como se hizo en Sevilla a pesar de la oposición, se demuestra que es una solución estupenda. Si las haces mal, por mucho que hagas algo, lo estás poniendo más difícil. En cualquier caso, creo que esto de la bici y de la transformación de las ciudades es algo inevitable, acabará pasando. A mí me gustaría que fuese antes que después, pero…

¿Usa el casco?

No.

¿Es un acierto intentar que sea obligatorio?

No. El caso es recomendable y es un acierto recomendarlo. Pero obligar a llevarlo por ley es desincentivar el uso de la bici. Así ha sido en los países donde se ha hecho tal ley. Algunos han reculado, como Israel. Otros no, como Australia, y a pesar de que algunas ciudades tienen buenas infraestructuras para las bicis, el índice de uso es bajísimo, tan bajo como en una ciudad como Madrid, hasta ahora muy ajena a los pedales. Y cuando hablamos de que es malo desincentivar el uso de la bici no es que nos siente mal a los que vamos en bici, es que está también demostrado que el aumento de bicis en una ciudad mejora a esa ciudad, la calidad de su aire pero también la salud de los ciudadanos. Y se supone que las leyes que obligan al casco quieren mirar por la salud de los ciudadanos. Pues no es así.

Ya es obligatorio para menores de 16 años. ¿Es un mal comienzo o es positivo entre la población más débil?

Es una de esas decisiones que no contentan a nadie, un parche. Y, además, el texto de ese epígrafe es lo suficientemente abierto como para que puedan luego colar el caso obligatorio para todos. Aunque no creo que eso suceda. O eso espero. En cualquier caso, es un tema complejo en una sociedad como la nuestra, con una preocupación por la seguridad que raya en la histeria y más en el caso de los niños. ¿Por qué a los 16 y no a los 17? ¿Y a los 14? ¿También por la acera o por un parque? Me surgen un montón de preguntas que se resumen en una: ¿Seguro que esto lo habéis analizado y reflexionado bien?

«Cuando veo a un adulto en bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana». La frase es de ‪Herbert George Wells. Está en la contraportada de su libro y, permítame que se lo diga, también en el espíritu del mismo. ¿Está usted esperanzado?

Pues sí. Bueno, a veces sí. Creo que estamos viviendo un periodo de cambio bastante potente en el que hay mucha gente que nos estamos dando cuenta de que hay caminos que no queremos recorrer y menos conducidos por gente con la que no queremos ir. Es verdad que están pasando muchas cosas que dan asco y hasta miedo, pero también es cierto que cada vez hay más gente que se está poniendo en marcha. La bici es una de las herramientas que, bajo mi punto de vista, nos ayuda a estar más cerca de esta puesta en movimiento hacia algo mejor. No sé qué pasará ni dónde llegaremos, pero sé que merece la pena meterse en ese viaje. Claro que, a eso se refería también H. G. Wells y aquí estamos, montando en bici pero aguantando chaparrones de campeonato.