¿Y si no puedo usar transporte público?

Si, seguro que en más de una ocasión nos han soltado ese argumento a la hora de justificar el uso del vehículo privado debido a la precariedad de horarios o rutas del transporte público. Pero … ¿y si realmente no pudiera ser usado debido a la falta de accesibilidad real al mismo? Lo confesamos, en Doble Fila abogamos abiertamente por el uso del transporte público frente al vehículo privado motorizado, sin embargo hasta hace poco no éramos conscientes de que pudieran existir otras restricciones que impidieran su uso más allá de la mera voluntad de la ciudadanía. Y las hay.

La accesibilidad a los medios públicos de transporte puede verse mermada por dos vías fundamentales, una es la económica, que el coste de los mismos suponga una dificultad para que ciertos colectivos puedan hacer uso de ellos; la otra son las barreras físicas, la imposibilidad física de poder acceder o viajar dentro de un medio de transporte público.

Y por suerte Alex Ruiz nos ha abierto los ojos a través de su experiencia en la restricción al uso de los medios de transporte público debido a las barreras físicas que encuentra para poder acceder o viajar en ellos, simplemente por tener que usar una silla de ruedas.

Alex Ruiz en El Ejido

Nos lo cuenta como algo cotidiano, mientras señala la imposibilidad de poder usar un autobús de la línea que une El Ejido, donde vive, con Almería debido a que no cuenta con la necesaria plataforma de acceso, algo que tampoco la mayoría de los vehículos de línea regular urbana que recorren El Ejido tienen. Para él algo tan sencillo como trasladarse hasta Almería para ver una exposición de fotos del Centro Andaluz de la Fotografía o uno de los partidos de liga de la Unión Deportiva Almería o del Unicaja de Voleibol es simplemente imposible.

Pero no sólo eso, las veces que ha viajado en tren le han supuesto tener que avisar con al menos 48 horas de antelación para que tanto en la estación de partida como en el destino contaran con personal que pudiera ayudarle a subir y bajar del vagón. Y durante el recorrido se ve confinado a una ubicación que no obstaculice el paso del personal de RENFE y viajeros, por lo que ve muy reducidos sus desplazamientos a la cafetería o al mismo aseo.

Cuando habla del avión ya la socarronería se desborda, dado que la ubicación dentro del avión está predeterminada y en sus palabras, “me sitúan en la zona por donde en caso de accidente sea más difícil salir, para que así no obstaculice al resto de supervivientes, …”

Quizás el medio donde menos problemas encuentre sea usando el taxi, pero aquí la principal barrera es el coste económico que suponen los desplazamientos, pues solo para desplazarse hasta Almería el coste llega a suponer entre 30 y 40 euros.

Esta historia es un jarro de agua fría para Doble Fila, porque estabamos abogando por el uso del transporte público sin más y son casos como el de Alex los que nos muestran que a veces «querer no es poder», porque hay otras limitaciones bastante más importantes. Lo destacable además es que, con frecuencia este enfoque también se escapa de los planes de movilidad o de las políticas de planificación y ordenación de los medios de transporte, lo que lastra aún más que se adopten soluciones. ¿Hasta cuándo?