Durante las celebraciones de la pasada Semana Europea de la Movilidad, SEM, nos cayó la del pulpo por señalar el maillot deportivo del alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez Comendador, durante su participación en el paseo ciclista organizado por el Ayuntamiento que preside. Desde varios cargos de su Administración, y algún que otro troll sospechoso, se nos criticó duramente por fijarnos en algo tan secundario como su indumentaria, e incluso se nos acusó de rebuscar para encontrar alguna cosa con la que atacar al Ayuntamiento y su primer edil. Tampoco faltó el preceptivo recordatorio sobre el papel de la Junta durante la SEM, argumento usado hasta el absurdo este año cada vez que hemos abierto la boca sobre algo que hacía el Ayuntamiento. Quizá los nervios preelectorales han jugado una mala pasada a más de uno.

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El alcalde con maillot de Cajamar, durante la marcha de la movilidad sostenible.

Ante todo aclarar que el comentario que hicimos únicamente pretendía provocar una reflexión, entre los representantes políticos, y también entre muchos ciclistas. No buscábamos la crítica gratuita, y de Luis Rogelio Rodríguez Comendador tenemos que aplaudir su asistencia al paseo por encima de todo, ya que no es habitual que los políticos acudan a estas marchas, si bien es verdad que nos gustaría que fuera más habitual verle pedaleando más allá del ‘postureo’ de esos días, a él y a sus contrincantes, que han pasado olímpicamente de la Semana de la Movilidad en el caso de Almería capital. Lo decimos de otra manera, por si no ha quedado claro para los más susceptibles, que ya vemos que este año algunos están bastante tensos: que nos parece peor aún el caso de los representantes políticos de la oposición que no estuvieron, ni tuvieron ningún gesto durante la SEM. Pero el caso es que la reacción al comentario de su ropa, en nuestra opinión totalmente desproporcionada, nos ha convencido más aún de que era necesario dedicar una entrada al asunto.

La marcha de la Semana Europea de la Movilidad no era una carrera, ni un encuentro deportivo, realmente era un paseo con el objetivo de promover el uso saludable de la bicicleta como medio de transporte no contaminante. La idea de estos actos, entendemos nosotros en nuestra inocencia, es que los ciudadanos empiecen a contemplar la bicicleta como una forma de desplazamiento, no solo para hacer deporte como hasta ahora. Acudir a la marcha vestido como si se fuera a correr el Tour de Francia no es precisamente un acierto, y como dijimos por las redes sociales, posiblemente delate una visión exclusivamente deportiva de la bicicleta. Lo mismo ocurrió en Roquetas ese día, donde por cierto nuestro comentario fue aceptado con mucha más cintura. Allí el Ayuntamiento acudió a la ruta encantado con el fichaje de los motoristas que ayudan en las labores de organización de La Clásica con sus motos de gran cilindrada, cuya presencia chocaba frontalmente con el sentido de la marcha y así lo comentamos también en nuestras primeras valoraciones. No se puede promover la bicicleta como medio de transporte usando ruidosas motos para hacer labores que podían hacer ciclistas (hasta la Policía Local de Roquetas acudió en bicicleta) y tampoco creemos que sea muy adecuado hacer esa promoción vestido de deportista de élite.

Pero es que además, el comentario del maillot del alcalde nos pareció doblemente oportuno en la recta final de un año en el que el debate sobre el concepto de la bicicleta en este país ha estado sobre la mesa como nunca antes. La Dirección General de Tráfico ha protagonizado este año numerosas meteduras de pata que delatan una visión de la bicicleta cuando menos, equivocada. Desde campañas publicitarias en las que se anima a los ciclistas a apartarse para no ser un estorbo para los coches (lo contrario que dicen las grandes ciudades y expertos por la peligrosidad que conlleva arrinconarse en el lado derecho de la calzada) hasta un intento de imposición por las bravas del casco obligatorio en ciudad que transmite una imagen peligrosa de la bicicleta que no se corresponde con la realidad. Imposición, la del casco, que recordamos tuvo en contra a los fabricantes de bicicletas; todos los colectivos, asociaciones, redes de municipios y demás organizaciones defensoras de la bicicleta y la movilidad sostenible; ciclistas profesionales de élite; e incluso casi todos los ayuntamientos grandes del país, y sobre cuya utilidad dudaron hasta los expertos de la Organización Mundial de la Salud en su comparecencia en el Congreso. A favor del casco estaba el sector del automóvil y las aseguradoras (como ya señalamos en un artículo sobre el tema) y, por lo que hemos podido comprobar en los debates que hemos tenido a través de las redes sociales, precisamente ciclistas con un concepto exclusivamente deportivo de la bicicleta, como parece tener el primer edil.

Sonadas fueron las imágenes de la directora general de Tráfico, María Seguí, enfundada en casco, chaleco reflectante y demás elementos, comparadas con fotografías de ministros, alcaldes e incluso reyes europeos que usan la bicicleta vestidos de calle con la misma normalidad con la que se desplazan andando. No pudimos evitar pensar en esa polémica y en aquellos montajes fotográficos que difundieron plataformas de movilidad sostenible y ciclistas de toda España en pleno debate sobre la obligatoriedad del casco, cuando vimos al alcalde con maillot y casco en un paseo ciclista en el que la velocidad alcanzada no superaba mucho la del paso a pie.

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Insistimos, ni pretendemos ridiculizar, ni criticar gratuitamente. Posiblemente fue un error inocente la elección del equipamiento aquella mañana, pero queremos que sirva para precisamente reflexionar sobre cómo concebimos los medios de transporte en la ciudad, y muy particularmente la bicicleta. La bici ya no es solo una forma de mantenerse en forma o una disciplina deportiva, la bici es mucho más, es un vehículo más sano, limpio y sostenible para desplazarse en ciudad, y su uso debe normalizarse. No es solo propia de hippies trasnochados o fracasados que no se pueden permitir el último Audi, ese discurso sí que está trasnochado y superado afortunadamente.

Nos gustaría que políticos de todos los colores la usaran habitualmente para ir a su trabajo, llevar a los niños al colegio o hacer la compra, ayudaría mucho a convertirla en algo cotidiano como lo es en los países más avanzados. Invitamos por ello al alcalde de Almería a hacerlo de vez en cuando, se sorprenderá de lo mucho que descubrirá de su ciudad a través de la bicicleta. Y de paso que invite a acompañarle a alguno de sus asesores más cercanos, uno de ellos es autor de algunos de los artículos más vergonzosos que recordamos sobre la bicicleta, cuyas opiniones siempre nos preguntamos si son compartidas por el primer edil.

Y como prueba de que es algo perfectamente normalizado en otros sitios, ahí va una muestra de imágenes de representantes políticos sin ‘disfraz’ de corredor para usar la bici:

Primer ministro holandés a la salida de su residencia oficial.

Primer ministro holandés a la salida de su residencia oficial.

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con su familia.

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Una de las muchísimas imágenes del alcalde de Londres, Boris Johnson, en bicicleta.

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El presidente francés, François Hollande.