Imaginemos que en 2020, tras la exitosa ejecución de todas las infraestructuras del Plan Andaluz de la Bicicleta y una vez que a Almería no la conoce «ni la madre que la parió», nos encontramos con una plataforma ciudadana que denuncie lo que señala el título.

Y lo decimos de entrada, NO tenemos ningún ánimo de sembrar polémica o de subir las visitas al blog o la repercusión de este artículo en base a generar debates sobre temas que suelen ser controvertidos.

Simplemente, en esta situación ficticia hemos adaptado a la realidad almeriense un artículo que hace ya algunos meses que nos llamó la atención, aunque se refiere a los carriles bici como una cosa de ‘blancos’, Are bike lanes a white thing? era su titulo original, que aborda un fenómeno ocurrido en ciertos barrios de mayoría afroamericana en ciudades de Estados Unidos. Y es el rechazo generado entre esta comunidad, frente a ciertas infraestructuras ciclistas.

Pese a los esfuerzos por crear una ciudad más amable y amigable para la bicicleta (sea Chicago o Almería) el artículo refleja como pueden encontrarse con la oposición de ciertos grupos de población (y no, no hablamos de las burlas que ha recibido el Plan Andaluz de la Bicicleta por parte de ciertos personajes) sino a quejas fundadas en la pérdida de plazas de aparcamiento en zonas cercanas a algunas infraestructuras permanentes como iglesias o efímeras como mercadillos, o bien por los cambios estéticos que la introducción de un carril bici supone en una calle o avenida. Y no se trata de algo aislado, sino que con idénticas pautas se repiten en varias ciudades.

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No podemos hablar de quejas caprichosas o malintencionadas, sino que reflejan uno de los síntomas de un problema cada vez más común en las ciudades, la falta de apropiación del espacio por parte de los ciudadanos, no lo sienten como suyo, no creen que las intervenciones en el mismo se hagan en su beneficio y al final, no lo usan adecuadamente. Algo que se constata con afirmaciones como: «nada de lo que se hace en el barrio es contando con nosotros«, por tanto no es que se trate de zonas que se queden al margen de estas intervenciones. Pensemos que incluso se pueda llegar a ver estas infraestructuras para el uso de la bici como parte de un plan para desplazar a los habitantes de ciertos barrios en favor de mayor adquisitivo o nivel cultural, eso que se llama Gentrificación. Pues sí, también ocurre.

¿Efecto Gamonal o apropiación del espacio público?

Sin ninguna duda ante estos hechos el amplio apoyo que han cosechado las iniciativas vinculadas al Plan Andaluz de la Bicicleta saltaría por los aires y tratarían de buscarse de un lado motivos y de otro soluciones para llegar a un consenso que ahora ya estaría cogido por los pelos, por decirlo claramente, se acabaría apostando por la solución menos mala o la que menos quejas recibiera.

Y es que, después de lo ocurrido en Gamonal, donde un leve malestar en materia de movilidad pone la mecha para hacer estallar un conflicto mucho más amplio y durante años latente, ya no parece descabellado que en cualquier momento algo similar pueda ocurrir en cualquier ciudad, incluida Almería. Y si algo nos dice el artículo sobre lo ocurrido en ciertas ciudades norteamericanas, es que tras la planificación de las infraestructuras prioritarias dentro del Plan Andaluz de la Bicicleta, no sólo resta ponerse manos a la obra y hacerlas realidad, sino abordar un reto que puede ser aún mayor, lograr que sean correctamente usadas, lo que sería la apropiación de estos nuevos espacios por la ciudadanía.

Si hacemos el símil a la informática, de nada servirá el hardware, el equipo, la infraestructura, una buena red de telefonía, … sin un adecuado software para poder usarlo, y en este caso el software van a ser una serie de hábitos de comportamiento, de códigos y acuerdos sociales que permiten la convivencia y faciliten su uso. Los compañeros de Biernes lo definen a la perfección, hablan de infraestructuras duras e infraestructuras blandas para el fomento de la bici, ya imagináis cual es cual.

Y por desgracia, y parece que no somos los únicos que así lo vemos, de esto poco se está hablando, y no parece que lo que está por llegar, como las actuaciones del Plan de Movilidad en la ciudad de Almería, El Ejido o Roquetas de Mar, aborde estas cuestiones, sino que más bien redunda en el enfoque de las infraestructuras, cuando la parte más importante en relación a lo hábitos de movilidad es el comportamiento.

Es llamativo, recientemente se ha completado un estudio de movilidad en el Parque Natural de Cabo de Gata – Níjar, y en este es muy distinto, pese a lo que ha trascendido, en el mismo apenas hay propuestas concretas de infraestructuras y lo que recoge son ideas generales pero con un eje transversal definido, cambiar la manera en la que accedemos a las playas de este espacio natural, es decir, modificar comportamientos para lograr alinearlos en clave de sostenibilidad con la potencialidad y las necesidades de un territorio. Así que es posible.

¿Se hará también realidad en nuestras ciudades?

@juanjoamate