“Esto no es Nueva York”, me repetía varias veces el otro día un cargo público hablando de Doble Fila y las ideas que defendemos. Bajo su punto de vista, los que integramos este colectivo o los que sencillamente defienden la movilidad urbana sostenible, son unos “románticos” que persiguen utopías nada realistas.

Lo cierto es que este político lleva razón en una cosa: es verdad que Almería ni es Nueva York, ni es Amsterdam, ni Copenhague, estamos a años luz de tener los avances conseguidos allí en este terreno, especialmente en las ciudades europeas. Pero sorprende ese conformismo en una persona elegida por los ciudadanos y que teóricamente debe aspirar a mejorar las cosas. ¿Acaso no es la movilidad urbana sostenible algo que se debe impulsar? Quizá ahí esté el quid de la cuestión, mientras en casi toda la Europa desarrollada la movilidad sostenible se ha convertido en una verdadera cruzada por razones económicas y sociales, aquí seguimos considerando que es cosa de cuatro frikis que no merece ninguna importancia, aunque de vez en cuando la usemos para sacar grandes titulares con declaraciones cargadas de buenas intenciones nada creíbles.

 Este conformismo, o lo que es peor, esa forma de mirar con cierta actitud paternalista a los que defienden una evolución social respecto a la movilidad u otros aspectos, es muy común entre nuestra clase política. Da igual hacia qué lado ideológico miremos. También había políticos así cuando España empezó a implantar la red de autovías que hoy tiene (“Esto no es Francia” decían tirando la toalla antes de arrancar) o en la transición, cuando España aspiraba a ser una democracia de libertades (“Esto no es Alemania, los españoles no sabemos vivir así” decían algunos). Sin embargo, con esfuerzo y superando la comodidad del conformismo, hemos conseguido grandes cosas.

Hoy la movilidad, como antaño otras cuestiones, son aspiraciones sociales propias de sociedades modernas. Lamentablemente en España tenemos mucho camino por andar, y no digamos en Almería, pero la solución no es encogerse de hombros y pensar que “esto no es Nueva York”. La solución es ponerse a trabajar. Cambiar las cosas con pequeños gestos. Evidentemente no van a cambiar de un día para otro, pero cuanto más tardemos en empezar el camino, más retraso llevaremos. Y que no le quepa duda a nadie, ese camino lo tendremos que emprender más pronto que tarde, primero porque la sociedad empezará a demandarlo si es que no lo está haciendo ya, segundo porque las propias normativas de la Unión Europea están empezando a tirarnos de las orejas en estos temas y tercero porque económicamente es mucho más rentable, algo muy importante en estos tiempos de austeridad.

Pero volviendo a la frase que origina este artículo, es curioso como la clase política almeriense cree que la movilidad sostenible es propia de países lejanos o de cuatro románticos, cuando la realidad es que no muy lejos de nosotros ya se están dando pasos. En la lejanísima Murcia, donde el ayuntamiento está gobernado por el mismo partido que gobierna en la mayoría de los municipios almerienses, está ya funcionando una Oficina de la Bicicleta para el fomento de este medio de transporte, y en los últimos meses se han adoptado medidas para posicionarse claramente por la movilidad sostenible. En la exótica Barcelona la apuesta por la bici en los últimos años ha cambiado radicalmente el concepto de movilidad y transporte, algo parecido a lo ocurrido en una desconocida ciudad llamada Sevilla. En una capital llamada Santander funciona una Concejalía de Movilidad Sostenible. En la lejana Málaga se ha adoptado la idea de liderar la implantación de energías renovables con el programa ‘Smartcity’. En una ciudad tan parecida a Nueva York como Paterna (66.000 habitantes), tienen servicio de alquiler de bicis desde hace tiempo con 3.000 usuarios, un Plan de Movilidad que se está aplicando (no, no está guardado en un cajón), y están experimentando con sistemas de transporte a la demanda y coche compartido. En media España (con municipios de todos los colores) se han implantado itinerarios escolares seguros, como en el caso de esa ciudad de nombre desconocido para los almerienses que es Guadix. Tampoco son pocos los lugares, grandes y pequeños, que están fomentando prácticas como el coche compartido, como los también lejanos Ayuntamiento y Diputación de Granada, la ciudad de Cartagena o la Universidad de Málaga. Ni hace falta irse a Holanda para descubrir una larga lista de localidades unidas en su compromiso por el fomento de la bici como medio de transporte. ¿Y qué decir de Vitoria, que ha conseguido ser Capital Verde Europea 2012 tras treinta años de apuestas sin complejos por la sostenibilidad? La lista de ejemplos es afortunadamente interminable.

Bien pensado, no me extraña que a este político, como a la mayoría de los almerienses, la movilidad urbana sostenible le suene a Nueva York. Ninguna de todas esas cosas que he mencionado, ninguna, se está llevando a cabo en nuestra querida provincia de Almería, donde la defensa de la movilidad urbana sostenible es cosa de “románticos” y tierras lejanas. Pero no se trata de utopías, con pequeñas y baratas medidas, se pueden conseguir grandes cosas. No es una utopía intentar que Almería capital incluya aparcamientos seguros para bicis en los parkings subterráneos como se está haciendo en el mundo desarrollado, o que adapte su normativa del ORA, que ha nacido ya desfasada al no incluir los vehículos eléctricos como están haciendo en el resto del país, ni tampoco conseguir que el monumento más visitado de Roquetas de Mar tenga algo tan sencillo como un lugar en el que aparcar las bicis mientras se visita. No debe ser una utopía que los colegios almerienses tengan itinerarios escolares seguros y programas para fomentar que los niños vayan andando, ni que las administraciones cuenten con los usuarios de las bicis a la hora de diseñar políticas e infraestructuras para el fomento de las mismas evitando, por ejemplo, fallos garrafales en el diseño de algunos carriles bici. No es propio de románticos, sino de sentido común, que las administraciones tengan en el transporte público una de sus prioridades, no hay más que darse una vuelta por cualquier parte de España (no Nueva York) para descubrir que esto es así en casi todos los sitios, y que Almería es una excepción nuevamente. No debe ser algo imposible conseguir que los ciudadanos respeten los carriles bici y no se vean invadidos constantemente, ni educar a los conductores para que abandonen la incívica mentalidad de medir el grado de prioridad en las calles en función de la velocidad que alcanzan. Tampoco debe ser irrealizable que se adopten medidas para pacificar el tráfico en las ciudades o para que los peatones puedan moverse con seguridad y sin sentirse acorralados por los coches con aceras minúsculas y pasos de peatones escandalosamente peligrosos.

Me niego a pensar que Almería no tenga remedio y que nuestras ciudades y pueblos no puedan aspirar a tener los niveles de calidad de vida, sostenibilidad y amabilidad de otros lugares, los lejanos como el norte de Europa y los cercanos, porque ejemplos tenemos también afortunadamente en España, cada vez más, gracias a la audacia de políticos y sociedades ambiciosas que no se encojen de hombros pensando que “esto no es Nueva York”.

@juvaldivia