Desde ayer estamos dentro de la Semana Europea de la Energía Sostenible, uno de los hitos clave en materia de sostenibilidad de la Unión Europea, donde miles de rincones de todos los países organizan diferentes actividades para sensibilizar en torno al uso de la energía y la repercusión social, económica y ambiental que puede tener el mismo.  Promover la eficiencia energética y el uso de energías renovables es su principal objetivo.

¿Y por qué os contamos esto en Doble Fila? Porque existe una estrecha vinculación entre el uso de la energía y la movilidad, no en vano en torno al 30% de la energía bruta que consumimos lo hacemos en forma de movilidad, de desplazamientos, de transporte de mercancías. Entonces si queda claro que la eficiencia en el consumo de energía vinculada a transporte y la búsqueda de fuentes de energía renovables son elementos que afectan a la movilidad.

Por usar un dato que pone de manifiesto este hecho, hemos analizado la Huella de Carbono procedente de las emisiones difusas (las que podríamos considerar de ámbito doméstico o local, aquellas que no son grandes actividades o instalaciones que han de acogerse a lo establecido en el Protocolo de Kyoto en cuanto a la gestión de sus emisiones) de los diferentes municipios de la provincia de Almería. Estas emisiones se clasifican en función de su origen en Electricidad, Residuos, Aguas, Agricultura, Ganadería y Tráfico (que asimilamos a movilidad). Y es la Consejería de Medio Ambiente la encargada de ir actualizando periódicamente esta información y de diseñar las políticas de acción. Y como os comentamos, los datos son muy relevantes y nos dejan una realidad que requiere que actuemos.

Así, en Almería del total provincial de esa Huella de Carbono de actividades difusas el 43’4% proviene exclusivamente de lo que podríamos llamar movilidad (en realidad se trata sólo de emisiones vinculadas al tráfico de vehículos a motor: coches, autobuses, camiones). Dicho dato es meramente estadístico, se obtiene a partir de la información sobre el parque de vehículos registrado en los municipios de la provincia de Almería y una estimación media de uso de los mismos, de manera que no es fruto de una medición real del tipo de vehículos existentes (lo que puede influir en su nivel de emisiones) ni del uso real de los mismos.

Sólo con este dato y sabiendo que en Almería contamos con un número de vehículos por encima de la media nacional, vemos como en la provincia las emisiones derivadas del transporte están por encima de la media habitual. De ahí que al usar estimaciones a partir del número de vehiculos los datos de emisiones se disparen, sumémosle a esto la mezcla del tipo de urbanismo disperso y nuestras extendidas costumbres respecto al uso del coche. La consecuencia es que a buen seguro que estas estimaciones se acercan a la realidad.

Y ahora viene lo mejor, casi la totalidad de los municipios de Almería, pero sobre todo los de mayor población, han suscrito el Pacto de Alcaldes de la Unión Europea por el que se comprometen a que en el 2020 hayan reducido el 20% de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Sabiendo la importancia del tráfico en el volumen de emisiones, si o si han de intervenir en materia de tráfico y no basta con promover el uso de la bicicleta o el transporte público, lo único que les sirve es una reducción efectiva en el uso del vehículo privado a motor.

A priori puede parecer sencillo, simplemente la propia renovación del parque móvil hará que la flota de vehículos emita menos emisiones y la crisis económica está haciendo que se reduzca el número de vehículos por habitante. Por tanto de aquí al 2020 tendremos menos vehículos y menos contaminantes, asunto conseguido. Sin embargo no es tan fácil, ni las emisiones de los vehículos se han reducido en tanto porcentaje fruto de las normativas aplicadas, ni la reducción del parque de vehículos se espera tan drástica, vamos, incluso al contrario se mantendrán vehículos de mayor edad y por tanto, hasta más contaminantes. Otros pensarán, ya está, la solución es el coche eléctrico, pero salvo una revolución en nuestro sector energético, lo único que conseguirá es trasladar las emisiones del campo del tráfico al del consumo de electricidad, pero no reducirlas.

¿Qué nos queda entonces? Pués apenas siete años y un compromiso por cumplir que requiere de una adecuada planificación en todos los ámbitos posibles (urbanística, de movilidad, energética, política, ciudadana) y no de soluciones puntuales o no lo suficientemente estudiadas. Y en ese sentido: ¿qué propondríais vosotros?

@juanjoamate