Más allá de lo que recoge este artículo que leíamos ayer en torno a la eficacia de determinadas inversiones, y visto que cita algunos ejemplos vinculados con nuestro elemento, la movilidad, nos ha hecho recordar algunos datos que de vez en cuando aparecen por las redes sociales en torno a los costes o beneficios económicos de un km de AVE o de carril bici, y es buen momento para profundizar algo más en estas cuestiones.

Con frecuencia chocan dos enfoques en torno a la necesidad de apuestas ambiciosas por cambiar el modelo actual de movilidad. De un lado los que entienden que los números mandan, y solo se ha de apostar por aquellos sistemas que muestren su rentabilidad económica, algo que por ejemplo ocurre en relación a los servicios públicos de autobuses en la provincia de Almería. Por otro lado, hay quienes van más allá del enfoque  económico y creen que hay otros muchos beneficios, en aspectos sociales y ambientales, que por sí justifican estas inversiones, aunque los números no salgan.  Pero … ¿y si toda la diferencia recae en la manera de hacer los números? Dice un refrán que la aritmética no tiene piedad, pero todo depende de los conceptos que incluyas y para eso hay que ponerle números a todo.

Sin duda en la segunda opción se enfrentan a un escenario de austeridad y recortes que no les es propicio, sin embargo cada vez son más habituales herramientas que permiten  valorar e incluso contabilizar los beneficios sociales y ambientales fruto de una inversión, es lo que se denomina Social Return of Investment (SROI) y en el portal TE HAGO ECO hay información sobre el concepto de SROI y algunos consejos sobre cómo abordar la evaluación, medición y análisis del retorno social de las inversiones.

Lo cierto es que no parece que sea una tónica habitual encontrar análisis de SROI para la gran variedad de inversiones que se suelen realizar. No hay ejemplos aplicados a las grandes y principales infraestructuras y con frecuencia pareciera que se trata de iniciativas restringidas a la labor de empresas sociales, pero en realidad no es así.

Por ejemplo, nada mejor que poner cifras a conceptos como el mayor gasto por parte del Sistema de Salud, la pérdida de productividad que registran las empresas o la deuda estatal generada por las importaciones de combustibles, que en el escenario actual son elementos que para casi toda la población han cobrado gran importancia, si queremos entender los beneficios de que un territorio opte por medidas de fomento de la bicicleta y por extensión de un modelo de movilidad más sostenible. Es lo que muestra este artículo de Lane County, y entre los datos que encontramos resulta que los trabajadores que se desplazan a trabajar a pie o en bicicleta  tienen un 27% menos de días de baja laboral por enfermedad, o que el gasto en combustible apenas se revierte en la economía local, con apenas un 15% de lo gastado que al final se invierte en el entorno cercano.

Otros ejemplos comienzan comparando ese retorno de la inversión desde un punto de vista meramente económico para completarlo con una valoración económica de estos “otros aspectos sociales” que se deberían tener en cuenta en un análisis de SROI. Es el caso de la planificación de movilidad de Washington D.C. donde desde el punto de vista económico podría parecer que la inversión no es rentable ni se va a recuperar a medio plazo, pero … ¿Y teniendo en cuenta la relación directa entre obesidad y hábitos de movilidad, y cuantificando los costes en materia de salud pública de la obesidad? La perspectiva es totalmente diferente y la rentabilidad también, el plan de inversiones propuesto para Washington lo es.

Pero el mejor ejemplo encontrado en relación con la movilidad sostenible son sin duda los datos que ofrece Copenhage, no en vano es referente en ciudad con unas políticas de sostenibilidad envidiables, donde ha conseguido poner números a los beneficios que se obtienen fruto de su plan de fomento de la movilidad sostenible. Donde aparece que:

  • El uso de la bicicleta llega a ofrecer un beneficio estimado de hasta 25 céntimos por kilómetro recorrido, frente a ello usar el coche tiene un coste a la sociedad de 14 céntimos por kilómetro.
  • Se estima en 12 mil millones el ahorro obtenido por el Sistema de Salud fruto de la mejor salud de los habitantes por la práctica habitual de ejercicio. Algo que además supone un 3’3 % menos de bajas laborales, 61000 años más de vida para el conjunto de habitantes y hasta 25 pre-jubilaciones menos al año motivadas por cuestiones de salud.

Unas cifras nada despreciables, pero que muestran una realidad y es que la apuesta por la movilidad sostenible tiene unos efectos que van más allá de la contaminación atmosférica o acústica, incluso de las emisiones de gases de efecto invernadero para lograr transformaciones que nos llevan a otro modelo de sociedad, también más sostenible en lo económico. Puede que lejos de recortes en las políticas sociales, sean necesarios recortes en otras actividades y hábitos, como las políticas de fomento de la movilidad motorizada (en el actual escenario nuevamente hemos tenido hace meses un plan PIVE para incentivar la compra de coches que no ha tenido éxito) o de transporte de alta velocidad, y así llegue la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud o pensiones. Es posible que de hacerse, todo esto fuese revelado por un análisis de SROI. ¿Se hará algún día?

@juanjoamate