Aún con resaca de la Semana Europea de la Movilidad, y tras nuestra valoración de lo que ha sido en la provincia de Almería, no queríamos dejarla pasar sin volver a traer una reflexión que con frecuencia ha aparecido en Doble Fila, pero que seguimos viendo que cuesta que aparezca en los debates sobre movilidad. Y es que más allá de abordar los criterios de reparto del espacio entre peatones, ciclistas, medios de transporte público, motos y coches, los aspectos de movilidad tienen una importante vinculación con elementos sociales y ambientales que aún hoy son el patito feo de cualquier plan o actuación; siempre la prioridad es para el diseño de infraestructuras. Aunque parece que algo empieza a cambiar y la futura Ley Andaluza de Movilidad va a contribuir a ello.

Y es que será por casualidad, pero se han aprobado prácticamente a la vez los anteproyectos de Ley de Movilidad y Ley de Cambio Climático en Andalucía y si entre ambas hay aspectos bastante similares, por ejemplo en lo que a la elaboración de planes de actuación se refiere, lo cierto es que la vinculación entre ambas es directas, hasta el punto de superponerse en cuanto a ámbito de acción.

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Andalucía en el año 2004 suponían en torno a las 60 millones de toneladas, unas 7’7 toneladas per cápita y el transporte era una de las actividad más destacadas. De hecho, tomando los datos del Plan Andaluz de Acción por el Clima para 2004 el 21% de las emisiones totales de GEI en Andalucía procedían del transporte por carretera, un porcentaje que se elevaba hasta el 45’93% si contabilizábamos sólo emisiones difusas (no incluyen los grandes centros industriales) y un 54% si consideramos la actividad de transporte en su conjunto.

Los datos del inventario de 2012, apenas difundidos hace unos días, apuntan a un descenso global de las emisiones (hasta 6’2 toneladas por habitante y año), si bien fruto del mayor peso de las energías renovables en la producción energética, por lo que es posible que encontremos que sin crecer en cantidad, sí que se eleva el porcentaje que suponen los GEI derivados del transporte en el volumen total, por lo que crecerán los motivos para trabajar sobre ellos.

Si bajamos a la realidad de Almería y tomamos los datos del inventario por municipios sobre el que se trabajó dentro de la iniciativa de Pacto de Alcaldes, puede verse en esta gráfica prestada por TE HAGO ECO que representan el 45’3% del total de emisiones difusas a nivel provincial, aunque visto a nivel comarcal o de grandes ciudades, este valor oscila de manera importante.

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Puede verse que tanto Almería como Roquetas de Mar rondan el 50% y aparecen entre las zonas en las que mayor porcentaje alcanza, frente a las comarcas más rurales donde llega a bajar del 30%, aunque un análisis más en detalle de estos datos puede encontrarse en este artículo sobre la Huella de Carbono de la Movilidad en Almería. Donde también llama la atención otra gráfica:

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Como puede verse, Almería capital es el territorio que más aporta a la Huella de Carbono del transporte en la provincia, con casi el 25% y además vemos que el peso proporcional de las actividades de transporte está también por encima de la media, algo que también sucede en Roquetas de Mar (la barra violeta supera a la azul en la gráfica) Vícar y Adra, por lo que en todos ellos no cabe plantearse acciones en materia de movilidad sin tener muy presente las emisiones de GEI, puesto que el cumplimiento de sus compromisos en materia de cambio climático (el llamado Pacto de Alcaldes) pasa por reducir de forma importante las que derivan de las actividades de transporte en estas localidades.  Y eso a pesar de que se parte de una tendencia positiva, fruto de la reducción de las emisiones derivadas de los vehículos a motor, por el simple hecho de las restricciones legales que establecen cantidades máximas de emisión y los cambios producidos en el parque móvil de la provincia desde 2004.

Huella de Carbono del Transporte

Bien es cierto que el lema de esta Semana Europea de la Movilidad 2014 se centraba en el espacio urbano, en recuperar las calles para los peatones, pero la realidad es que no hemos encontrado referencias a estos vínculos entre movilidad y cambio climático (o simplemente calidad del aire urbano) en las actividades desarrolladas. Nuestra apuesta por el transporte público sí que tenía como trasfondo la comparativa de emisiones generadas frente al uso del transporte público, pero sobre todo nuestro gesto del Día sin Coche lo dejaba bien claro, agradecíamos a los que se habían sumado a usar la bicicleta por contribuir a salvar el mundo, y poco podemos hablar en torno a la enorme amenaza que supone el cambio climático (de hecho a la vez que poníamos estas etiquetas en la ONU se ultimaban los preparativos de la Cumbre del Clima que ha abordado esta problemática).

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