En nuestras últimas entradas como la de las ciclocalles que proponíamos en Almería, y en las redes sociales, nos habréis visto hablar a menudo de las Zonas 30 y de la necesaria pacificación de las calles de nuestras ciudades. Ese concepto, el de pacificación, o el calmado del tráfico como también se denomina, con el que alguno de nuestros seguidores bromeaba en Facebook, es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos en el planeamiento urbanístico de estos primeros años del siglo XXI. Bajo nuestro punto de vista, y el de los que defienden la pacificación de las calles, las ciudades se han vuelto hostiles para sus habitantes en las últimas décadas de desarrollismo implacable, y es necesario, imprescindible diríamos, volver a conquistar el espacio que el coche nos ha quitado a todos, incluyendo a los propios conductores.

Como en muchas cosas, en España llevamos años de retraso con respecto a otros países de Europa.  Aunque también aquí tenemos algunos ejemplos de lugares que llevan ya tiempo trabajando en este tema como el caso de Vitoria que viene apostando por ciclocalles y calles tranquilas desde hace tiempo. Fuera de España, en lugares como Alemania (recordad nuestra reciente entrada sobre Friburgo), Holanda o Suecia, por poner algunos ejemplos, las ciudades han recuperado, o están en proceso de recuperar su esencia de lugares para la convivencia de sus habitantes.

ciclocalle

Ciclocalle

Por esta fase tendremos que pasar nosotros en los próximos años y más vale que los políticos que deben tomar las decisiones empiecen a concienciarse, especialmente aquellos que todavía se toman a broma este tipo de propuestas (que los hay y muchos). No solo estas iniciativas nos vendrán impuestas desde ciertas instancias superiores, es que los ciudadanos cada vez más informados lo exigirán con más fuerza a sus regidores, y este tipo de aspectos serán condicionantes cada vez más importantes a la hora de determinar el crecimiento económico, incluyendo el turístico, de nuestras ciudades en los próximos años. ¿Hay alguien que prefiera hacer turismo en una ciudad invadida por los coches en lugar de una ciudad en la que sea agradable pasear?

Pacificar el tráfico no es otra cosa que pensar que los peatones (que al fin y al cabo somos todos) y las bicicletas, son los elementos a proteger en la ciudad, y no los coches. Reducir la velocidad de las calles no solo salvaría vidas, también mejoraría la calidad de vida de nuestras calles, invitando a sus habitantes a pasear por ellas. Animando a los padres a acompañar a sus hijos al colegio andando o incluso a dejar que vayan solos. Impulsando el comercio local de los cascos urbanos, tan devaluado por unas políticas que favorecen los centros comerciales con sus calles privadas libres de coches (curiosa paradoja ¿no?). Recuperando la ciudad como lugar de encuentro y convivencia de sus habitantes. Dando vida en definitiva a nuestras calles. ¿Alguien se acuerda aquí en Almería de los recelos que hubo con la peatonalización del centro? ¿Queda alguien que no crea que ha sido positivo erradicar el coche del centro?

¿Cómo se puede pacificar el tráfico? La medida más básica, que posiblemente acabe siendo una de las contempladas en el futuro reglamento de circulación que se prepara y para la que incluso se están recogiendo firmas para que sea de obligado cumplimiento en toda Europa, es conseguir reducir a 30 km/h la velocidad en las calles de las ciudades. Eso se consigue con una señalización específica y ‘obstaculizando’ el tráfico a motor estrechando la calzada, haciendo las aceras más anchas, e incorporando islas en las calles que obliguen a rodearlas a baja velocidad. Además, es necesario que los pasos de peatones sean seguros (la carretera de Alicún de Roquetas, por ejemplo, debería estar en los manuales de todos los organismos reguladores del urbanismo y el tráfico como ejemplo de lo que NO se debe hacer en este terreno) instalando pasos elevados y utilizando sistemas como el llamado cojín berlinés para obligar a reducir la velocidad, que son mucho menos agresivos con los coches y fácilmente superables por autobuses o bicis.

La pacificación del tráfico debe facilitar el uso de la bicicleta, pero dando un paso más. Hasta ahora en muchas ciudades se han hecho carriles bici a costa de quitar espacio a los peatones, ya es hora de que sea el coche el que tenga que hacer concesiones. Las bicicletas  deben poder circular con seguridad por la calzada como un vehículo más, sin verse acosadas por los coches, y para eso es necesario convertir en ciclocalles las vías secundarias pacificadas. Se trata, en definitiva, de empezar a cambiar conceptos asumidos hasta ahora como que el coche es prioritario dentro de las ciudades.

Es imprescindible también que desde los municipios se potencie el transporte público como alternativa eficaz y fiable al vehículo privado. Los ayuntamientos no pueden seguir viendo el transporte público como un servicio ajeno que presta una empresa privada que se rige por la ley de la oferta y la demanda. Ese concepto tan almeriense no ocurre en el resto de Europa. No hay más que darse una vuelta por cualquier ciudad europea para ver que el transporte público es una prioridad de primer orden. Señores políticos almerienses: el transporte público es un indicador de desarrollo básico para cualquier ciudad. Potenciarlo es una inversión, en calidad de vida, en sostenibilidad o en turismo, y como otras políticas sociales tiene sus beneficios económicos y hasta en la salud.

señal calle pacificada

Señal de calle pacificada

Necesitamos diseñar nuestras ciudades pensando en facilitar la movilidad en transporte público, a pie o en bicicleta. Esos nuevos desarrollos con grandes avenidas de varios carriles y aceras minúsculas no tienen sentido. Como tampoco lo tienen esos diseños urbanos con residenciales cerrados a cal y canto y sin servicios alrededor, que obligan a desplazarse en coche hasta para comprar el pan, como ocurre en El Toyo.

Para que no nos acusen de fijarnos en lugares lejanos como Nueva York, os ponemos algunos ejemplos de pacificación que se están llevando a cabo en España. Como el Plan 30 Oviedo, que pretende impulsar el uso de la bicicleta y la pacificación del tráfico en el centro de la ciudad o las calles pacificadas de Zaragoza, que ha trazado un plan centrado en calles secundarias para reducir la velocidad y aumentar la seguridad para peatones y ciclistas. En Tarragona se implantarán nueve Zonas 30, mientras en Vitoria los planes no dejan de crecer en este sentido.

Y que no nos engañen los urbanistas que priorizan el coche, es de sentido común que una ciudad amable, en la que sea agradable y seguro pasear, con un buen servicio de transporte público y con menos coches, es más atractiva para atraer nuevos habitantes, por lo que sus propiedades se revalorizan, y tiene un tejido comercial más sano que genera riqueza y empleo. Miremos a nuestro alrededor y veamos que las ciudades que son un referente mundial o aspiran a serlo, están haciendo precisamente eso desde hace años. Apostar por el coche es cada vez más tercermundista y hace mucho que está totalmente alejado del concepto real de progreso, aunque nos lo quieran vender como tal.

@juvaldivia