A lo largo del año que acabamos de cumplir en más de una ocasión nos hemos referido a la necesidad de abordar las cuestiones de movilidad desde una óptima mucho más plural y amplia de lo habitual. Además de la habitual perspectiva técnica y de infraestructuras, es necesario tomar conciencia de los factores sociales, hasta psicológicos, que hay detrás del comportamiento de las personas para entender ciertos hábitos, y los vinculados a la movilidad no son una excepción.

Quizás en las últimas semanas esta reflexión ha sido mucho más recurrente, cierto es que trás el Parking Day que preparamos con motivo de la Semana de la Movilidad ya hicimos referencia a la necesidad de trasladar nuevos mensajes a la ciudadanía que les hicieran tomar conciencia de su papel dentro de la movilidad y el peso de sus hábitos cotidianos, pero en el reciente Mobility Mob la pregunta ha sido tan recurrente que hasta nos ha llevado a hacer una entrada para explicar qué hemos logrado con el mobility mob. Y es que el virus de la velocidad, que tanto tiene que ver con nuestros habitos de movilidad, contagia incluso a las dinámicas sociales y creemos que los cambios sociales se dan tan rápidos como las sucesión de luces de un semáforo, cuando ni mucho menos es así.

Y si encima nos encontramos con experiencias como la que dedicabamos a la gran apuesta de Curitiba, de la que os hablamos hace unas semanas, o el ejemplo de un puente financiado a partir de crowdfounding en Holanda, realmente es cuando nos planteamos ¿qué nos falta? Y nuevamente aparece el mismo elemento, otra cultura de la movilidad, necesitamos cambiar habitos, costumbres, prejuicios, actitudes, códigos de conducta, … en resumen, necesitamos cambiar algunas de la señas de identidad de nuestra sociedad, y eso es precisamente la cultura. No se podría explicar de otra manera porque creemos que nivel técnico más que suficiente para llevar adelante proyectos como esos en nuestro entorno hay, y capacidad económica también, por tanto debe ser algo más profundo lo que incite a creerse estas ideas y ponerlas en marcha.

Y nos alegra que poco a poco nos demos cuenta que no estamos solos en estas reflexiones. La necesidad de abordar los cambios de movilidad desde una óptica social/cultural cada vez es más patente, de ahí que algunas de nuestras demandas dentro del futuro Plan de Fomento de la Bicicleta en Andalucía, o en las actuaciones de movilidad que venimos proponiendo a Ayto. de Almería vayan calando y siendo bien acogidas. Y de la misma manera, algunas de nuestras aportaciones en las mesas de trabajo del proceso de participación en torno a la Ley Andaluza de Movilidad Sostenible (LAMS) también han ido en este sentido, encontrando buena acogida a las mismas entre el resto de participantes. Y es que pensamos que en dicha ley, dentro de los apartados tan diferentes como la planificación de infraestructuras, la medición y seguimiento de los objetivos o la información y comunicación hay cabida para diferentes iniciativas que vayan en la línea de fomentar el cambio cultural que tan necesario se nos antoja.

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Quizás por eso también nos ha alegrado conocer de una jornada realizada reciente en el Instituto de Cartografía de Andalucía donde precisamente se han presentado los primeros estudios sociales vinculados a la movilidad en Andalucía, algo así como una radiografía de aquellos aspectos sociales y culturales que mejor representan los hábitos de movilidad de los andaluces.

Sin duda se trata de un punto de partida idóneo, conocer la situación actual para identificar que tenemos y queremos cambiar, pero sobre todo porque lo hace desde tres perspectivas diferentes que han dado lugar a sus correspondientes informes:

  • Desde el modelo de planeamiento de las ciudades andaluzas, para ver la influencia del tipo de urbanismo que se ha realizado en los hábitos de movilidad, algo que puede ser de enorme ayuda para corregir dentro de los instrumentos de planeamiento.
  • Desde la óptica laboral, para identificar como la localización y el tipo de trabajo influye igualmente en nuestra movilidad y condiciona enormemente la elección de uno u otro medio de transporte en función de las necesidades asociadas a nuestro trabajo, que como bien sabemos, es una de las razones más ampliamente utilizada para justificar el abuso del coche.
  • Desde la óptica socioeconómica, donde se manifiesta la relación entre el nivel cultural, económico o el entorno social con los hábitos de movilidad, algo que también somos conscientes que tiene una enorme vinculación.

Un hecho bastante destacado de estos informes es que además de ofrecer valoraciones y conclusiones desde una óptica global para toda Andalucía, además la desglosan por provincias lo que permite que podamos obtener conclusiones en nuestro entorno más cercano. Por tanto, se hace más que recomendable un repaso de los estudios para poder «entender» que aspectos económicos, sociales y culturales, junto a los urbanísticos son los que condicionan la movilidad de buena parte de nuestros vecinos almerienses.

@juanjoamate