A menudo cuando hablamos de movilidad sostenible se suele destacar mucho la contaminación atmosférica y sus efectos. Es uno de los argumentos de expertos y ciudadanos más utilizados y uno de los aspectos a los que prestamos más atención si nos referimos a las molestias que el tráfico motorizado provoca en la ciudad. Pero no debemos infravalorar otro tipo de contaminación, la acústica, cuyos efectos son alarmantes. Prueba de ello es el informe de la Federación Europea del Transporte y el Medio Ambiente, que calcula en 50.000 las muertes anuales por crisis cardiaca provocadas por el ruido del tráfico y el ferrocarril, es más, según este organismo, en la Unión Europea se generan 245.000 casos de enfermedades cardiovasculares al año por este motivo.

El ruido, entendiendo tal como el “sonido no deseado” (según la definición de la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo) está generado en su mayor parte en las ciudades por el tráfico motorizado. De hecho, municipios como el Ayuntamiento de Barcelona destacan que el ruido de los vehículos a motor supone el 80% del que se genera en su ciudad, seguido de la industria con un 10%, el ferrocarril con un 6% y los locales de ocio con apenas un 4% aunque curiosamente es a los que más atención prestan políticos y ciudadanos en general.Avenida Coche y Bus

En una calle tranquila se pueden llegar a registrar 50 decibelios habitualmente, mientras que en una calle de tráfico normal la cifra sube hasta los 65 decibelios, alcanzando los 75 decibelios el ruido que genera un coche a 100 kilómetros por hora. Os animamos a que vosotros mismos comprobéis el ruido de vuestra calle con la aplicación gratuita de Widenoise, disponible para dispositivos de Apple y de AndroidLa comprobación es importante, porque la Organización Mundial de la Salud fija en un máximo de 55 decibelios de día y 45 de noche, el ruido admisible en zonas tranquilas como las residenciales, mientras que se recomienda un máximo de 75 de día y 65 de noche en lugares especialmente ruidosos.  Según la Organización Mundial de la Salud buena parte de la población española está expuesta a niveles de ruido muy superiores a los saludables.

Se puede pensar que los efectos de los ruidos no pasan de una molestia pasajera o, a lo sumo, una pérdida auditiva a largo plazo, pero es necesario informar a la población de los peligros que entraña convivir con un excesivo nivel de contaminación acústica en múltiples aspectos. Desde dificultades para conciliar el sueño, hasta alteraciones psicológicas que pasan por irritabilidad, agresividad, alteraciones de carácter, depresión, e incluso trastornos mentales. También se puede generar un nivel de estrés excesivo que afecta al ritmo cardiaco y respiratorio, y según algunos estudios, puede tener efectos perjudiciales sobre la salud del feto si las embarazadas están demasiado expuestas, incluso con un aumento de la mortalidad de los mismos. En cuanto a los niños, el ruido es un factor de riesgo que afecta muy negativamente a su aprendizaje y las capacidades de socialización y comunicación.

En España tradicionalmente hemos sido excesivamente permisivos con los ruidos y de hecho, somos uno de los países más ruidosos de la Unión Europea. Quizá ese concepto de movilidad ‘cochecentrista’ del que muchas veces os hablamos, hace que no nos cuestionemos demasiado los perjuicios que el ruido del tráfico tiene en nuestra salud y calidad de vida. Por eso, consideramos que es necesario difundir estos efectos entre la población; hacen falta más campañas, y también hay que exigir a las administraciones la adopción de medidas legales más exigentes ante este problema, además de un control más estricto.

En el caso del tráfico, ni que decir tiene que nosotros apostamos por reducir el uso del coche al mínimo imprescindible, y por potenciar el transporte público y los desplazamientos a pie y en bicicleta como medio básico de movilidad en las ciudades. Es algo que no ocurrirá de la noche a la mañana, pero que tiene enormes beneficios sociales, ambientales, de calidad de vida e incluso económicos, como hemos visto muchas veces en las ciudades más avanzadas en este terreno. Pero además, echamos en falta que en los planes urbanísticos de los municipios se tengan mucho más en cuenta aspectos como la contaminación acústica y atmosférica, en los futuros desarrollos y en las zonas consolidadas. En otros países hace tiempo que los planes de movilidad están estrechamente ligados a los urbanísticos, mientras que en España ni siquiera son obligatorios todavía y cuando se hacen suele ser para gastar una subvención, sin que luego sean aplicados.

@juvaldivia