Viajar entre Madrid y Almería sigue siendo algo más que un paseo, una larga travesía más bien y esto no ha cambiado ni mejorado considerablemente en los últimos años, y es que sólo la horquilla de tiempo necesario para este viaje oscila entre las siete horas del autobús a la hora (dos y media si sumamos los trámites de embarque y llegada) del avión, pasando por las casi seis horas y media del tren o las poco más de cinco que tardaríamos en coche haciendo gala de una conducción responsable y respetuosa con las normativa de tráfico.

Y si en cuanto a tiempo la disparidad puede llegar a las cuatro horas y media, si lo enfocamos desde otras variables llega a ser aún mayor, tanto en la parte ambiental (con una enorme diferencia en la huella de carbono o emisiones de gases de efecto invernadero entre uno u otro medio de transporte, 500 kilogramos para el avión y 210 para el coche siendo trenes y autobús los más ventajosos con 25 y 68 kilogramos respectivamente según la calculadora de Terra.org) como en la económica, al ir desde los poco más de 40 euros de un billete de ida y vuelta en autobús a los casi 600 euros que puede costar el avión (aunque recordemos que precisamente aquí, los billetes cambian de precio casi de la misma sospechosa manera como la prima de riesgo) pasando por los mínimos entre 55 y 90 euros de un billete de ida y vuelta en tren y los más de 90 euros que, al precio actual del gasóleo, puede costar recorrer los 1100 kilómetros de ir y venir de Madrid.

Para Doble Fila se trataba de aprovechar una época de continuos viajes para comparar un viaje en autobús y otro en tren y más allá de su precio (que no deja de ser importante) valorar aspectos como la puntualidad, comodidad del viaje, disponibilidad de servicios adicionales e incluso la facilidad para aprovechar las horas de viaje en poder hacer tareas del más diverso tipo.

Si por precio la ventaja es del bus, aunque planificar con tiempo el viaje en tren es muy ventajoso, sin duda ambos medios carecen de una frecuencia de recorridos amplia, los dos trayectos diarios del tren apenas son mejorados por los cinco del autobús, con el inconveniente de que incluso llegan a coincidir en alguna ocasión, dificultando que sirvan de alternativa en caso de perder uno u otro servicio. En el caso del tren la duración del trayecto es difícilmente minorable, ya conocemos las limitaciones del trazado ferroviario y tardaremos en tener alternativa, sin embargo en el caso del autobús no sólo es mejorable, sino que sin poder asegurarlo siempre, la llegada puede darse hasta 30 minutos antes de lo previsto, sólo depende de la parada que se realiza a mitad del trayecto y del intercambio de conductores, que es la clave. En este caso la puntualidad del tren es notable, en tanto el autobús ya vemos que puede oscilar bastante.

A su favor el bus no cuenta con la comodidad del tren, con asientos mucho más pequeños, menos espacio para moverse o un solo aseo, pero si con red wifi y hasta enchufes para alargar la vida de las baterías de nuestros dispositivos, cosa que inexplicablemente no tiene a día de hoy el tren y que dificulta poder aprovechar el trayecto para hacer diferentes tareas, aunque sea poner al día el correo electrónico y moverse en redes sociales.
Lo que si facilitan ambos es la conexión con otros medios de transporte en Madrid, dado la llegada se hace en grandes estaciones que están conectadas con dos de las principales líneas de metro. Bastante más cercanas al centro de Madrid que el aeropuerto y sobre todo por evitar tener que estar buscando aparcamiento para nuestro coche privado, algo cada día mas caro y difícil en esa ciudad.

Nuestro resumen sería que, eliminado el prohibitivo, a la par que contaminante, avión, sin duda el tren y el bus son una buena alternativa a viajar en coche particular hasta Madrid, tanto por precio como por duración del trayecto y facilidades para desplazarse posteriormente sin tener que sufrir por el aparcamiento, sólo en el caso de viajar acompañado por una o más personas el coche compensa económicamente, una buena razón para animarse a probar en una de las plataformas que facilitan compartir trayecto en coche. Pero si lo enfocamos desde una óptica estrictamente de movilidad y contaminación, no hay color, autobús o tren no tienen ni ápice de comparación.